Corría el año 1997 cuando el municipio sevillano de Las Cabezas de San Juan comenzó una extraordinaria experiencia de democracia directa, se trataba de un proyecto de presupuestos participativos que se conoció como 'El Reparto'.
Orígenes del Reparto
Los
primeros pasos que se dieron para fomentar la participación
ciudadana, pasos ingenuos que nada tendrán que ver con lo que ha
llegado a ser en la actualidad, tienen su origen en la campaña
electoral municipal de 1995. Izquierda Unida-Los
Verdes-Convocatoria por Andalucía decide hacer su programa
electoral convocando barrio por barrio y casa por casa a l@s vecin@s en
asambleas. Ganarían las elecciones y este hecho llevaría
implícitos ciertos compromisos de mantener la
participación de l@s vecin@s más allá de la mera
elaboración de aquel programa. El grupo político
contactará con el sociólogo Marco Marchioni en 1997, con
cuya colaboración se intentará impulsar un fallido plan
de desarrollo social y comunitario. Aún así, el equipo
gobernante considera que la participación es imprescindible,
pero no saben cómo ponerla en práctica tras su segunda
victoria municipal: existía ya una rutina surgida de los
periodos electorales de asambleas y actividades que habían hecho
que calara en la gente la inquietud por participar. Se
contactará entonces con los actuales coordinadores, Javier
Encina, antropólogo, y Montserrat Rosa, socióloga,
fraguándose al poco tiempo un convenio para trabajar los
presupuestos participativos. Éstos son el proyecto imaginado por
los polític@s como “excusa” para intentar potenciar y consolidar
la participación, mientras que para los técnic@s y
dinamizador@s del equipo del reparto, serán la
“excusa” perfecta para trabajar las redes sociales y los espacios de
sociabilidad en una vocación transformadora de la realidad.
Los
presupuestos participativos, allá donde se están dando,
suponen un salto cualitativo de la democracia representativa hacia la
democracia participativa. Al menos son las experiencias más
significativas y sólidas que en este sentido se están
produciendo. Numerosos son los ejemplos por todo el mundo, con
más de un centenar de municipios por todo Brasil y diversos
ejemplos en Latinoamérica y Europa, o en los Estados de Kerala y
de Bengala Occidental en la India. Todas estas experiencias, diferentes
entre sí, tienen en común su adaptación a cada
realidad social y cultural local. También tienen en común,
o al menos así se produce en las prácticas más
destacables, “una articulación virtuosa entre democracia
representativa y democracia participativa, o sea, entre la sociedad
civil organizada y un partido de izquierdas que gana las elecciones”2. Los presupuestos
participativos han demostrado un potencial de implicación
ciudadana muy elevado, no es por ello extraño que en lugares tan
emblemáticos como la ciudad brasileña de Porto Alegre, el
diseño de los presupuestos participativos por parte del partido
político en el poder haya sido el instrumento idóneo para
fomentar y motivar a la población a participar. Cuando la gente
percibe que sus opiniones y decisiones sí son tenidas en cuenta
tiende a implicarse en el gobierno común. En esta línea,
pero con sustanciales diferencias con respecto a la experiencia de
Porto Alegre, se articula la participación en Las Cabezas. En
este caso no será el partido gobernante quien diseñe el
modelo de participación ciudadana, sino que será desde la
base social, desde l@s vecin@s en diálogo continuo junto a
técnic@s y polític@s, donde se construya todo el proceso,
como veremos a lo largo de este artículo
“Lo
que nos imaginamos al principio no tiene nada que ver con lo que
estamos haciendo en realidad”. Esta frase de Javier Encina resume
perfectamente cómo el modo en que se han construido estos
presupuestos ha supuesto el desborde de esa demanda inicial, trasladada
a un proceso en el que el trabajo desde lo cotidiano ha permitido que
se vayan rompiendo las fronteras entre lo público y lo privado,
configurándose El Reparto como una estrategia para volver
a pensar lo colectivo, aprehendiendo, desde allí, lo
público, todo ello a pesar de que, como afirma el Alcalde,
Domingo Hernández, “todavía hay muchísimo por
hacer, muchísimo”.
Para
impulsar ese trabajo desde lo cotidiano el equipo del reparto
recurre a la utilización de metodologías participativas
encuadradas dentro de un proceso de Investigación-Acción
Participativa (IAP). Se trata de una metodología abierta que
articula mecanismos de implicación colectiva y
transformación social, que busca que interactúen, desde
una perspectiva de igualdad, conocimientos tanto técnicos como
convivenciales. Recreándose continuamente en una espiral de
acción e investigación que lleva a que los sujetos de un
determinado contexto social analicen de forma crítica su propia
realidad, construyéndose un conocimiento colectivo que abre la
posibilidad de apropiarse de la misma. Esa posibilidad permite dar el
salto hacia un modelo de ciudadan@ activ@ implicad@ en la permanente
construcción de un entorno verdaderamente democrático.
En Las Cabezas, la idea de trabajar con
metodologías participativas ha permitido que la gente se haya ido
apropiando del para qué de todo el proceso,
configurándolo así desde, por y para la gente. Para que
práctica política y cotidianeidad interactúen, son
necesarios procesos de dinamización que muestren las
complejidades de las diferentes realidades socioculturales y de las
diferentes formas de vivir en un contexto social compartido. Para
iniciar estos procesos de dinamización es necesario trabajar en
la ruptura de la gramática cultural establecida, si por
gramática entendemos el modo en el que se estructura un
lenguaje, “la gramática cultural nos dice qué formas
de pensar, hablar e intervenir en la vida pública son las
correctas en nuestra sociedad y cuales no”, según las
palabras de Rafael Téllez, del equipo de dinamizador@s del
Reparto.
La IAP
ha venido muy bien para localizar en un primer momento espacios de
encuentro comunes y nodos de redes sociales. Nos encontramos con
diferentes situaciones que han favorecido el desarrollo del proceso,
como un barrio que ha funcionado muy bien desde el principio ya que “el
carnicero era representante vecinal y obviamente éste ha
interactuado en red con sus vecinos, la carnicería era el
espacio privilegiado de encuentro, o en otros, donde desde chicos los
vecinos han trabajado para organizar las cabalgatas de reyes o la
semana cultural, teniendo mayor experiencia de participación que
nosotros mismos. Se trata de aprovechar todos esos espacios y
experiencias de trabajo en red para enganchar a la gente y aprovechar
los saberes de los mismos”, nos indica Rafael Téllez. Se
trata de recuperar la capacidad de la gente para construir y
deconstruir los usos y las visiones de la realidad, los lugares en los
que nos sentimos y nos reconocemos con otr@s, donde las personas se
convierten en titulares de un fundamental conocimiento convivencial
sobre la realidad en la que viven. Potenciar los espacios de
sociabilidad y las redes informales en las que se articulan y
entremezclan estos conocimientos, implica empezar a romper el monopolio
del decir y del hacer que se suelen reservar técnic@s y
polític@s. De recuperar, en definitiva, la autoestima necesaria
que lleve a las personas a convertirse en actores de su práctica
política y social.
El
Reparto implica un proceso educativo a todos los niveles en el cual
se comparten espacios, conocimientos y saberes, siendo una
práctica de la cual aprenden tanto polític@s y
técnic@s como vecin@s. Las propias culturas populares, con su
sabiduría en el saber hacer las cosas, enriquecen el proceso
afectando al quehacer de técnic@s y polític@s, “imbuidos,
como están, de unos modelos y esquemas que entran dentro de una
lógica institucional en cuyas estructuras eres un técnic@
o un polític@ pero nunca una persona”, como bien describe
Manuela Fernández, Técnica de Participación
Ciudadana y miembro del Equipo del Reparto. Este proceso
educativo se produce no sólo desde la práctica cotidiana
en el reparto del poder y las decisiones, sino desde la necesidad de la
formación y autoformación de las personas en habilidades
y herramientas para la participación social: de obtener recursos
con que romper aquella gramática cultural que los relega
a ser meros observadores y consumidores de las políticas
públicas.
La prácticase
establece con la creación de diferentes mesas de
coordinación para discutir y tomar decisiones, a saber: la Mesa
de Representantes de Vecinos; la Mesa del Área de lo Social, la
Mesa Política; la Mesa de Asociaciones; y más
recientemente, se ha constituido la Mesa de Jóvenes. El origen de
estas mesas y del conjunto del proceso del Reparto se dio con
la preparación del III Encuentro Popular en febrero de 2000,
donde se observó la necesidad de establecer espacios de
encuentro comunes desde los cuales coordinarse e informarse los
distintos actores, así como establecer las grandes líneas
estratégicas de investigación y de acción que
facilitarán la implementación del proyecto.
La Mesa
Política ha respondido a una misión fundamental:
establecer la dinámica apropiada para que se dé un
auténtico reparto del poder vinculando estrechamente a los
representantes, l@s polític@s, con los representados, l@s
vecin@s. Ello sólo ha sido posible al comprender, el equipo
municipal, que no se trataba únicamente de un nuevo organigrama
de gestión municipal sino de un cambio sustancial en la manera
de adoptar las decisiones. Este proceso educativo en la
práctica, influye casi más a los polític@s (y a
los técnic@s) que a los vecin@s... Realmente la gente ya sabe
participar en sociedad, “sabe estar en grupo, discutir y resolver
los problemas, el gran ‘choque’ se produce entre técnic@s y
polític@s que ya no saben hacerlo, encorsetados como
están en unos esquemas institucionales tan rígidos”,
como nos comenta Manuela Fernández. Sin embargo, esta mesa
política tan solo se halla constituida por el grupo municipal de Izquierda
Unida-Los Verdes, ante la existencia de, por el momento,
insalvables diferencias entre gobierno y oposición en la forma
de entender El Reparto. En cuanto a los técnic@s, estos
conforman la Mesa del Área de lo Social, la cual
responde a la necesidad de coordinar la puesta en marcha de los
proyectos y actuaciones a realizar, de encajar todas las propuestas
vecinales dentro del presupuesto y la programación anual.
El
año pasado y a raíz de la iniciativa de un grupo de
jóvenes por realizar actividades en relación con el ocio
y el tiempo libre y su interés por autogestionarlas, el Equipo
del Reparto les propondrá la constitución de la Mesa
de Jóvenes. Una decisión que permite romper con la
exclusión de los mismos del proceso del Reparto. Este
hecho se debía a diversos aspectos: primero, el no ser
considerados por los adultos y por ellos mismos como “vecinos
responsables”; segundo, la inhibición de asistir a unas
reuniones, las asambleas vecinales, donde deberían encontrarse
con sus padres; y tercero, la propia categoría de juventud3, cuya visión es la
de un colectivo marginado -sin trabajo, sin ingresos, violentos,
fracasados escolares y adictos al “botellón”- y dependiente, por
tanto, de unas políticas paternalistas por parte de ayuntamientos
e instituciones. Pero no solo han sido capaces de demostrar que pueden
gestionar su propio ocio y tiempo libre cuando se les deja, sino de
implicarse responsablemente en cuestiones sociales: “son ellos
mismos los que están tratando de buscar soluciones a los
problemas derivados de la botellona”, el famoso botellón
del resto del Estado, nos narra Mónica Jiménez,
dinamizadora de jóvenes. La posibilidad de participar
está propiciando que cada vez se impliquen más
jóvenes e incluso se haya creado el Foro Social de Las Cabezas a
iniciativa de los mismos.
Otra
cuestión es la Mesa de Asociaciones que, si bien
formalmente constituida, ese espacio de encuentro común en la
práctica no existe, a pesar de la activa implicación de
diversas asociaciones en El Reparto. Los factores que han
influido son diversos y se deben a las resistencias que en muchas de
ellas suscita este nuevo proceso de toma de decisiones, como: el miedo
a perder su poder de intermediación y representación ante
las instituciones locales; la existencia de intereses privados de
grupo; o simplemente, la vinculación de las mismas a los
partidos opositores al equipo político en el gobierno.
Aún así, se está intentando volver a impulsar esta
mesa fruto de los interesantes resultados obtenidos tras la
celebración de las últimas jornadas de asociaciones y que
culminaron un año de compromisos de compartir trabajo, recursos
y responsabilidades con vecin@s y otros colectivos.
Serán las asambleas vecinales de los
barrios y poblados y la Mesa de Representantes Vecinales, sin embargo,
el elemento fundamental de la participación y la toma de
decisiones en Las Cabezas. Siempre, desde que se instaurara El
Reparto, el proceso de decisión de obras y actividades del
Área de lo Social comienza a mediados de septiembre y termina a
mediados de noviembre. En cada barriada o poblado se realizan dos
asambleas: en la primera se llevan las distintas propuestas tanto de
obras y actividades como de representantes vecinales; será en la
segunda donde se prioricen dos obras por cada barrio y poblado, se
realice el listado de actividades trabajado colectivamente y salga el
grupo de representantes. En todo momento asistirán a las mismas
dos miembros del ayuntamiento: uno, será un técnic@
encargado de explicar y asesorar en todo lo concerniente al Área
de lo Social (Servicios Sociales, Mujer, Educación, Cultura,
Deporte, Medioambiente...); el otro, será un polític@ que
abordará junto a l@s vecin@s el tema de las obras, representando
la legitimidad política que tiene el proceso y el compromiso de
respetar lo decidido.
Todas
esas decisiones pasarán a la Mesa de Representantes Vecinales,
donde cada barriada y poblado tiene un voto, independientemente del
número de representantes que decida enviar. A la hora de decidir
qué obras serán las prioritarias a ejecutar y para romper
la dinámica habitual de cada barrio de luchar sólo por lo
suyo, perdiéndose la visión global del pueblo, se realiza
una visita en autobús a cada una de las barriadas y poblados de
Las Cabezas. Será gracias a este recorrido y a pie de calle
donde se realice la valoración común y se vote cada una
de las obras. De esa votación saldrá un listado de obras
ordenado hasta 34, las cuales se ejecutarán por orden hasta que
se acabe el presupuesto. Las actividades del Área de lo Social
serán sistematizadas por temas y barriadas y pasarán a
las Jornadas de Decisión del Reparto, en las cuales se
dan cita todas las mesas y momento en que culminará todo el
proceso. Con respecto a los representantes vecinales hemos de aclarar
que éstos no tienen total autonomía, como estamos
acostumbrados a sufrir en la habitual figura de nuestros representantes
políticos, sino que será en las asambleas de cada barrio y
poblado donde se decida, tras reflexionar colectivamente sobre el papel
de los mismos, cuales serán sus funciones y cuales no.
De
gran trascendencia podemos catalogar la decisión de crear, de
cara a este año que comienza, diversas Mesas Sectoriales
correspondientes a los siguientes ejes temáticos:
educación, sanidad, desarrollo y convivencia vecinal. Un salto
tremendamente cualitativo, ya que muchas de esas competencias escapan
al ámbito de lo local y habrán de ser presentadas y
negociadas ante instituciones superiores, pero sobre todo en lo
referente al rumbo que está tomando El Reparto: esta
iniciativa parte de los propi@s vecin@s y condicionará
sustancialmente la orientación futura de cómo quieren que
sea su pueblo. Sobra decir la importancia que tendrá el hecho de
que sean ellos mismos quienes marquen el modelo de desarrollo
económico y social del que se quieren dotar o la necesidad que
ellos encuentran de potenciar y profundizar la convivencia vecinal. En
definitiva, de trabajar su autoestima como comunidad y, con ello,
obtener el derecho de autogestionarse. Y eran ya muchos los ejemplos
que apuntaban en esta dirección: los barrios ya planteaban la
gestión directa de sus actividades sociales, negociando
directamente con técnic@s y polític@s, de hecho cada
barrio obtuvo 6.000 euros para su autogestión; o la exigencia de
elaborar una nueva normativa medioambiental participada por todos, que
tuviese en cuenta cada una de las realidades de barrios y poblados; o
este otro ejemplo que nos ilustra sobre la creciente confianza que en
sus propias potencialidades están adquiriendo l@s vecin@s: ante
una demanda no satisfecha por parte las autoridades, en concreto un
curso de cocina, serán ellos mismos quienes, rompiendo la
dinámica establecida de dependencia hacia las instituciones, se
decidan a organizarlo con sus propios recursos humanos y materiales.
En ese
sentido, es importante destacar el cambio de actitud en la gente; si en
un principio muchos de ellos no entendían muy bien por
qué se les convocaba, ya que “eso de gobernar era función
del Alcalde”, ahora, ante cualquier problema o cuestión que se
plantee, requieren ser informados. Ilustrativo ha sido, y motivo
importante de crisis del Reparto, que no se respetase este
año pasado el orden de las obras. Frente a este hecho, l@s
vecin@s reclamarán una explicación convincente del por
qué se ha actuado así por parte del l@s polític@s.
La razón era bien sencilla: agrupar ciertas obras
permitía ahorrar costes, pudiéndose realizar un
número mayor de obras que las estimadas en un principio, pero
ello denota hasta qué punto estamos ante un proceso continuo de
aprendizaje en el cual tod@s, vecin@s, técnic@s y
polític@s, deben aprender a comunicarse entre sí. Pero
ese proceso de aprendizajes y solución de los conflictos no es
sólo sobre hechos puntuales, se extiende en todo el proceso del Repartoen
sí: a veces se dan motivos de tensión cuando los
proyectos no obtienen una materialización inmediata o se dilatan
en el tiempo, surgiendo entonces entre tod@s las dudas e
incertidumbres, cuestionándose si todo este proceso sirve para
algo o no. Para intentar combatir ese fenómeno “muchas veces
nos centramos demasiado en lo práctico, la concreción de
las obras, en la acción por la acción, ya que gran parte
de la credibilidad de este proceso se encuentra en demostrar que es
operativo. Pero esto conlleva el tremendo peligro de olvidarnos de
cuales son los fines del Reparto. Hemos de tratar de encontrar el
equilibrio entre lo práctico y los sueños, la
acción sin perder nunca de vista los ideales que nos mueven”,
reflexiona al respecto Manuela Fernández.
A pesar de la existencia de esos problemas y
conflictos existe la firme convicción de superarlos, y buena
muestra de ello es la decidida apuesta por enfrentar el mayor reto que
se cierne sobre El Reparto: su continuidad en el tiempo con
independencia de los avatares políticos. Es decir, que un
posible cambio de color político en el gobierno de la ciudad,
tras las próximas elecciones, no altere sustancialmente el
proceso actual de toma de decisiones. En ese sentido, se está
trabajando un reglamento que delimite claramente cuáles son las
competencias y funciones del equipo político, pero que a su vez
permita la continua reinvención y reconstrucción del Repartodesde
abajo, desde la base social. Sin embargo, el actual marco legal y
constitucional no otorga mayor validez a ese reglamento que la que se
desprenda de la voluntad de los gobernantes de mantenerlo o no. Su
única garantía se derivaría de la ilegitimidad
en que incurriría ante sus vecinos quien se decidiese a
suprimirlo o violarlo.
Hasta
ahora hemos hablado del Reparto como proceso de aprendizajes
desde la práctica; llegado es el momento de hablar del
aprendizaje desde la formación y autoformación de
los vecin@s en habilidades y herramientas de participación
social. En Las Cabezas, como en cualquier otro lugar, existen
divisiones sociales del tiempo y del espacio, que diariamente
determinan el movimiento y las posibilidades de actuar y comunicarse de
las personas. Intentar modificar el modo en que se establecen y son
interpretados los encuentros y los comportamientos, implica trabajar
desde los ritmos de l@s vecin@s, impulsar la autoestima de las
personas, de forma que se modifique el modo en el cual interpretan sus
propias posibilidades de hacer. En definitiva, buscar la manera de
enfrentar espacios “formales” (en cuanto que formados, cerrados y
determinados) con espacios “informales” (que están en un
continuo hacerse, y desde donde es posible pensar el pueblo desde una
perspectiva dinámica).
Todo
esto es un recorrido continuo desde lo institucional a lo popular, que
comenzó con ponerle un nombre al proceso, y con diferentes
tácticas que permitiesen empezar a recoger e impulsar el decir
de la gente sobre su quehacer cotidiano. La idea de pensar en El Reparto e ir dejando atrás el tema de los
presupuestos participativos no se refiere solo a la complejidad de un
proceso que va más allá de la decisión sobre las
obras, sino que supone, también, transformar la imagen del
proyecto para acercar su construcción a las personas, para que
se vayan apropiando de él. Así, con El
Reparto se busca que se empiece a establecer una cierta distancia
con l@s polític@s (el que parte y reparte se lleva la mejor
parte), y recuperar cuestiones como las luchas por el reparto de las
tierras, para empezar a repartir el poder de hacer. Una vez que se
inicia la campaña de “publicidad” de El Reparto,
se graba un vídeo que, recogiendo directamente los discursos de
l@s vecin@s buscará que la gente se plantee interrogantes sobre
el qué esta pasando en el pueblo, un material que
permitirá ir conociendo cuáles son las realidades de Las
Cabezas y que se convertirá en una de las herramientas de
entrada en los barrios, herramientas de provocación que
desencadenen el proceso y le permitan seguir vivo. A esto se
añadió el trabajo de jóvenes y mayores que
reconstruyeron las Historias de Las Cabezas a través de la
oralidad (en el caso de los mayores) o de recursos como los
cómics (para los jóvenes), buscando cuáles fueron
y son sus formas de vivir el pueblo.
Pero
seguían siendo necesarios procesos de dinamización para “que los lugares se animaran, se dinamizaran provocando que la
gente pasara del ver al decir y al hacer”4. Para ello, como señalaba
Rafael Téllez, había que “reconocer los
movimientos que hay ya en los barrios, reconocer las capacidades de la
gente”. Entran en juego las campañas de formación
que, descansando en las inquietudes de las personas, buscan “desaprender
una lógica, una cultura de participación tradicional”,
introduciendo el aprehender habilidades participativas que rompan las
formas de delegación habituales, que permitan a la gente
recuperar la posibilidad de seguir planteando cosas y problemas, sin
importarles quien tengan enfrente, tratando de pasar del ver y el
quejarse, al hacer y decidir junt@s. Para ello, se hizo imprescindible
reflexionar, no sólo sobre el qué se demanda, sino,
también, sobre el cómo se demanda, quién demanda y
a quién. En definitiva, pasar de las demandas individuales a las
colectivas.
En este impulsar, recuperar o potenciar
espacios de participación, que permitan discutir, compartir,
expresar y crear, además del trabajo en esas habilidades
participativas, o en la utilización de dinámicas
planteadas por l@s responsables del equipo de dinamización, es
imprescindible trabajar la escucha y el no hacer, romper la
lógica de l@s técnic@s que han de transformar su
posición de “autoridad”, terminar con las posiciones
jerárquicas que interfieren la comunicación. Esta idea se
corresponde con un continuo juego de sumar y restar, en el que para que
l@s vecin@s pudieran sumarse al proceso, y sumar ideas y movimientos,
era necesario restar esa autoridad para que aparezcan las creatividades
dispersas y ocultas de la gente. Permitiéndoles recuperar la
capacidad de enunciar lo cotidiano y que no dejen de revalorizarse,
como ocurría en aquellos momentos en que eran l@s propi@s
vecin@s l@s que planteaban las dinámicas y actividades a hacer
en las reuniones.
La forma en la que se establece la
comunicación determina el sentido y el significado que se
atribuye a ésta, de forma que, para que implique un
reconocimiento real de l@s vecin@s, se hizo necesario trabajar, no solo
con ell@s, sino desde ell@s, buscando acabar con la
autodesvaloración que atenaza a las personas cuando han de
enfrentarse a otras, implicando a la gente desde sus propios ritmos,
desde sus espacios cotidianos, para reconquistarlos, para reconocerlos.
“Desde pequeños nos dicen que siempre hay un maestro
o alguien por encima que es el que manda y el que decide [...] en este proceso se hace patente que
hay otra forma de decidir y que no tiene porque ser siempre el mismo,
que se puede decidir aunque no sepas escribir, reafirmándose
cada uno en su propio saber y aprendiendo entre iguales”, en
palabras de Rafael Téllez. Una buena forma de resumir el trabajo
cotidiano del equipo dinamizador para lograr superar todas las trabas a
las que se enfrentaban es la que nos dice Manuela, “cosa
básica nuestra: pequeño grupo, cartulina, tijera,
escuchar y besitos”. La gente se revaloriza cuando ve que se
superan las situaciones de antaño en las que ya “estaba todo
amasado” y solo les llamaban para relegitimarlo, mientras que ahora son
l@s vecin@s quienes, con técnic@s y polític@s, amasan la
realidad.
Lo festivo, así como el trabajo con las
afectividades, resultan indispensables en la construcción de
relaciones cargadas de empatía y sensibilización hacia
l@s demás. Se trata de dejar de ver al resto de personas como
competidoras, para verlas como la “posibilidad de”. Los abrazos
resultan la mejor forma de enfrentarse a las incertidumbres que suponen
el devenir de El Reparto, construyendo así
relaciones de confianza que permitan escapar de los roles establecidos.
Los encuentros potencian su dimensión festiva, aquella que
permite ampliar la densidad del tiempo vivido, en una fiesta que se
recupera como creación, no como mero consumo, porque recupera a
las personas como creadoras y transformadoras de la realidad.
Cuñas de radio y canciones hechas y cantadas entre tod@s,
mujeres que se lanzan a bailar los bailes que bailaban sus abuelas
antes de empezar una reunión, masajes y mordiscos en la oreja,
paellas “dinamizadoras” que son encuentro y reconocimiento, mil formas
de plantear los problemas (“mi problema no son las ratas,
mi problema es que las ratas han terminado la EGB” decía una
vecina) o Chiquito de la Calzada, interpretado por Rafael
Téllez, que aparece en las Jornadas de decisión del
Reparto para pasar revista desde la irreverencia respetuosa a las
figuras del pueblo (el alcalde, las mujeres, los niños...) o a
los problemas (como el más reciente de las obras). El humor, la
fiesta, permiten entenderse, tocarse, caminar juntos, cambiar el
sentido de los espacios y volver a perderse en la incertidumbre y en la
creatividad, para seguir respetándose y dándose
más besos y más abrazos “para tejer ilusiones
y sueños”5. “¡Jo, esto parece los teletubbies!”,
nos decía Manuela.
En este intento de superar las muchas barreras
que nos impiden decidir, encontramos historias de cómo aquellas
personas encerradas en la periferia social (jóvenes,
niñ@s, jubilad@s, mujeres) van conquistando sus espacios. Muy
significativo y ejemplo muy recurrido por los dinamizadores, es el caso
de una vecina que recibió un recado telefónico: su
marido, quien tomó nota del mismo, se lo transmitió entre
sorprendido y humillado, no podía entender que convocasen a su
mujer a una reunión en el ayuntamiento y a él no. La
mujer acudió a la reunión sintiéndose orgullosa de
cómo estaba cambiando su posición tanto fuera como dentro
de su casa. Vecin@s que se reapropian de los recursos del pueblo, que
aprehenden sus derechos y las cuestiones que condicionan su realidad
(desde el PER al Euro), que reflexionan sobre el uso de los espacios
que los rodean, sobre su territorio, que ven como se reconoce el lugar
en el que viven: “antes nadie se acordaba de que nosotros
vivíamos allí y de que allí había gente”
afirmaba Pilar Montaño, representante vecinal. O representantes,
como Isabel Meléndez, que se plantan delante del alcalde y
afirman, respecto al problema de las obras, “a mi no me vas
a torear y quiero que lo sepas, que no nos vais a torear”.
En cuestiones como estas, siempre terminamos
enfrentándonos al problema de querer “hacer cuentas con los
cuentos”, y de tratar de medirlos por los métodos habituales. La
pregunta es ¿cuánta gente participa?, pero no nos
preguntamos ¿cómo participan?, ¿dónde?,
¿quiénes?, y de nuevo el proceso, el cuento, nos
desborda. Si nos atenemos a la gente que participa directamente en las
asambleas de El Reparto, la participación
ronda el 10% de la población. Pero existe gente que está
implicada en el proceso de otras maneras, a través de otros
canales que permiten superar las rigideces de una cierta
“política de la presencia”. Muchas personas que asisten a las
Jornadas son portavoces en sus hogares, en sus círculos
más cercanos o participan de foros que el proceso todavía
no ha reconocido como decisorios, como los encuentros y conversaciones
en una carnicería. Es irreal pensar en que asistan los 16.000
vecinos del pueblo, lo importante es que exista la posibilidad de
participar, que existe, y que será una de las ideas
básicas que especialmente recalcarán tanto el Alcalde,
Domingo Hernández, y el Concejal de Participación
Ciudadana, Victor Díez, como uno de los Coordinadores del Equipo
del Reparto, Javier Encina, durante la conversación
mantenida con ellos. Una participación que incorpora sujetos
como los niñ@s (en Sacramento, uno de los barrios de Las Cabezas,
hay una mesa de niñ@s, ¿pero los niñ@s son
ciudadanos con derecho a participar o no?), que reconoce la importancia
de participar a través de las redes, que, en definitiva,
incorpora muchas variables a medir que desbordan nuestros instrumentos
de medida.
Para
terminar este artículo, consideramos conveniente reflejar
algunas de las palabras recogidas en una carta de Isabel
Meléndez, representante vecinal, dirigida a todos sus vecin@s de
Las Cabezas y que creemos resumen muy bien el espíritu de esta
experiencia. En ella describe los motivos personales que la llevan a
implicarse activamente en El Reparto: “Me quejaba, pero no
hacía nada, hasta que un día me di cuenta que el futuro
lo escribimos todos, no sólo los políticos que votamos y
a los que luego achacamos todos nuestros males. Me di cuenta, que mi
futuro y el de mis hijos no empezaba y terminaba de la puerta de mi
casa para dentro y que si quería que mis hijos viviesen lo mejor
posible, tenía que hacer algo para conseguirlo. Por eso, lucho
por mi barrio y por mi pueblo” Y apelando a sus convecin@s:“muchas
veces pensaremos ¡en qué me he metido, como si no tuviera
bastante con los problemas de mi casa! [...] pero
habrá logros y por pequeños que sean tú te
sentirás bien, muy bien por haber sido partícipe de ellos
y te quedará la satisfacción del trabajo bien hecho.
¡¡Vecinos, el futuro no está escrito y aunque no
será fácil, escribámoslo entre todos y hagamos
PUEBLO!!”
Nuestro más sincero agradecimiento a
todas aquellas personas que nos soportaron durante el tiempo que
duró nuestra estancia en Las Cabezas y cuyas aportaciones han
sido fundamentales para este artículo. Algunas ya aparecen
citadas a lo largo del mismo, otras aprovechamos ahora para
mencionarlas: Antonio Montenegro, Sergio Rodríguez, José
Gallego, Montserrat Rosa, José Castro, Mari Ángeles
Ávila, Raúl Ruiz, y todos aquellos que de una forma u otra
nos regalaron parte de su tiempo. Gracias y besitos, ea!
1. Encina,
Javier; Rosa, Montserrat; Téllez, Rafael; y Calero, Marina F.; El
Reparto: investigación acción participativa (IAP) y
presupuestos participativos en Las Cabezas de San Juan; en Lorenzana,
Concha (ed.); Tomamos la Palabra, experiencias de ciudadanía
participativa, Edit. Icaria, Barcelona, 2002.
2. Boaventura
de Sousa Santos, entrevista en El Viejo Topo, nº 173,
diciembre 2002.
3. Encina,
Javier; y Rosa, Montserrat; El gran teatro del mundo, o de
cómo los ayuntamientos intentan repartir papeles, organizar y
marcar tiempos en Villasante/Montañés/Martí
(coord.); La investigación social participativa,
Edit. El Viejo Topo, Barcelona, 2000.
4. Encina,
Javier; Rosa, Montserrat; Téllez, Rafael; y Calero, Marina F.;
art.cit., pág. 21.
5. Ibid.
Pág. 38.

FUENTE: DEMOPUNK
No hay comentarios:
Publicar un comentario